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Presentación (enero 2005) bajar
Ser Montecorteño (febrero 2005) bajar
Carta abierta (marzo 2005) bajar
Montecorto, donde el Infante se humilló (mayo 2005) bajar
Preparando el Pregón (junio 2005) bajar
Pregón de las Fiestas (julio 2005) bajar
Presentación del Pregonero de las Fiestas (julio 2006) bajar
Prueben y vayan (noviembre 2006) bajar
In Memoriam (diciembre 2007) Nuevo bajar

 


Enero de 2005. Mensaje de presentación en el foro de Montecorto:

Queridos foreros todos, en especial Octavio, en especial Lluch y en especial Julio Corbacho: se me pide que escriba sobre Montecorto, sobre su historia, mas he de admitir que casi nada sé acerca de ella y menos de las gentes que la hicieron posible... Pero dentro de mi ignorancia he tenido la oportunidad de conocer algunos montecorteños, he sabido de su pasión por donde nacieron, y en todos, comenzando por mi padre, advierto un insobornable -y justificado- amor por Montecorto, un dignísimo orgullo por pregonar a los cuatro vientos el lugar de origen y sobre todo un común denominador que hace de las gentes de Montecorto gentes singularísimas: en pocas ocasiones, os lo aseguró seriamente, he visto tan concentrada la pasión por los suyo como en Montecorto, en pocos lugares he experimentado -envidiando- la ternura de las gentes que se arremolinan en torno un origen común al que no quieren traicionar, ni cambiar, ni añadir nada.

Sois (¡y por dios que me gustaría serlo!) Hijos de un paisaje como pocos, criados bajo el influjo de salutiferos aires de montañas casi vírgenes y bañados por aguas abundantísimas: imagino vuestro pueblo adormecido, sesteando una calurosa tarde de verano mientras fuera de vuestras casas corren las acequias ahitas de aguas límpisimas y frescas, imagino correr por las montañas una brumosa tarde de invierno, una tarde desangelada de frios intensos que penetra en huesos y alma, pero sabiendo que pronto estaré a buen recaudo en mi casa de Montecorto, donde un oloroso fuego de chaparros, de lentiscos y mejorana me calentará por fuera y unos maravillosos alimentos adobados desde hace siglos igual, curados sin prisas, reconfortaran el ánimo.

Quiero deciros que soy escritor y escribiré sobre vuestro pueblo, pero serán escritos apasionados porque quizás comparto con vosotros (como hijo de montecorteño, nieto de montercoteños y quizás también biznieto) la común pasión que vosotros tan sobrados estáis. Y quiero deciros que os agradezco que me invitéis a vuestra casa entrando por la puerta grande, por la mejor.

Mis saludos

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Febrero de 2005. Qué significa para José Luis el ser Montecorteño:

A Montecorto no se puede ir avasallando a los del lugar con modernidades, no se puede ir imponiendo extranjerismos ni simplezas con ánimos de impresionar, a Montecorto sólo se puede ir con la voluntad dispuesta para ser admitido por los Montecorteños de siempre, de esos que tienen sus raíces bien profundas en las tierras montecorteñas y de esos que no están dispuestos a dejar de serlos bajo ningún concepto: Soy hijo de hijos de aquí, soy nieto de gentes de aquí y soy portador de genes que entremezclan con muchos de vosotros, y soy por último hijo de un sueño que suspira por ser al fin de vosotros.

Y como de algún sitio hemos de venir, como de algún punto se ha de partir para no perderse en las tinieblas de la historia, digo que soy como vosotros, digo que soy descendiente de los primeros Montecorteños, de los que poseemos afortunadamente constancia documental, de los que poseemos nombres y rostros, personalidades y conductas que explican las nuestras y por dios que me siento orgulloso venir de ellos: descendemos de aquellos almogávares, aquellos hombres del campo y adalides, las figuras más típicas y hermosas de la frontera, los guerreros indomables, las gentes orgullosas que no se sometían ni a dioses ni reyes... Eran aquellos Montecorteños gentes que luchaban contra unos y otros y no tenían más ley que la dignidad y orgullo, eran aquellos Montecorteños -de los que venimos a buen seguro- gente arrojada, y tanto que el mismísimo marqués de Cádiz los tenía en grande estima, que era como decir en gran respeto...

Cuentan las crónicas viejas que el Infante don Fernando, soldado bravío y arrojado donde los hubiera, poco temeroso de los hombres y gran fama de implacable con los vencidos, llegado a Montecorto por 1407 y con ánimo de conquistarlo como el que dice en un plis-plas, llegado a Montecorto en la creencia que su terrible fama ablandaría las murallas de la fortaleza hubo de dejarlo para mejor ocasión y largarse con el rabo entre las piernas en busca de otras plazas más asequibles , no sin antes feroz escaramuza donde perdió un buen puñado de experimentados guerreros.

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Marzo de 2005. Una carta abierta:

Querida Lidia, querida Lluch, Maribel, Octavio e Ignacio, queridos todos paisanos de Montecorto, querido alcalde: La experiencia de conoceros, de saber de vosotros, de saber de vuestros rostros y del sonido de la vuestras voces sin intermediarios, del haber paseado por Montecorto cogido de vuestra mano, compartiendo vuestro olor y sonrisas, vuestro sueños y afanes de Mayordomos y recibiendo el saludo venturoso, franco, sin rendijas, alegres, igual a como si recuperaran a un hijo díscolo, a un calavera que creían perdido: Especialmente grabada ha quedado la bienvenida de tu madre, tan hermosa y joven ella, con su mirada penetrante, con su sonrisa franca, con su alegre desenvoltura, y muy especial fue el de la muchacha rubia que estaba en tu casa, la que decía que tanto le gustaban mis intervenciones en el foro.

Pero fueron tantas y tantas las emociones que hizo, querida Lidia, que me sintiera aturrullado desde mi llegada y que me sintiera casi como un truhán que usurpaba afectos inmerecidos y por eso querida Lidia no pude, no supe, responder a tu pregunta, la que me hiciste en el Bar de Diego (creo que se llamaba) cuando preguntaste qué percibía: balbuceé una excusa que casi era una ordinariez por inapropiada, balbuceé que el día que descubrí Montecorto junto a mi hijo fue increíble. Pero ahora, más sosegado, si respondo, y quiero que sepas que me sentí agobiado desde la llegada y durante todas las horas que pasamos juntos, igual que un farsante que representa un papel que le viene demasiado grande, un histrión que descubre corazones sinceros, que descubre a gentes integras, sin doblez, a gentes limpias que te abrazan sin reservas e intiman, y descubres –aterrorizado- que son gigantes y descubres que quizás no puedas estar a su altura, no estar capacitado moralmente para miraros de frente, para entrometerme en vuestros sueños de igual a igual y participar de ellos: Descubrí que ser de Montecorto no se logra por que se deseé simplemente, sino que antes es necesario aprender a serlo.

Por eso, por todo eso, querida Lidia he de pedir perdón y lo pido. Y por eso, por todo eso, querida Lidia, te doy las gracias, a ti, a todos mis paisanos y paisanas, a todos los que desean que aprenda a serlo.

Mis saludos, y un fuerte abrazo.

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Mayo de 2005. Texto publicado en el periódico "Andalucia Centro":

MONTECORTO, DONDE EL INFANTE SE HUMILLÓ

Supongamos que pasadas las primeras horas del día el viajero enfila su coche a Campillos, supongamos que reposta en la gasolinera que hay dentro la población y toma el camino de Olvera, supongamos que la pasa, que no se detiene, y supongamos que a manderecha antes de Algodonales coge el camino de Ronda.

Nada más enfilar a Ronda encuentra Zahara, y nada más dejarla atrás llega a una pequeña población recostada sobre las laderas de una sierra abrupta que por corona tiene un espeso bosque antiguo. El viajero llega, casi tropieza con un establecimiento hotelero al borde de la carretera que llaman el Tropezón, y aunque su estómago gruñe de hambres no se detiene para alimentarse sino que se adentra en las montañas orientadas a mano izquierda. Sube por la antigua vía de Ronda a Sevilla, serpentea entre bosques que lamen los bordes de la carretera hasta encontrar una venta que también se llama El Tropezón, una vieja venta de antaño, una pequeña venta de verdad. Allí podrá el viajero emborracharse con olores antiguos, con visiones de entonces sin aditivos ni artificios, y allí podrá reconfortar al estómago con una gran rebanada de pan- de pan recio hecho sin mesuras- embadurnado de espesa capa de asientos de lomo, asientos de verdad y no carne picada recocida en grasa de cerdo como es corriente hoy día o bien decirle a la ventera, a Mari Luz, que ponga un plato de tapas de la casa, y entonces verán lo que es bueno: verán cachos de lomo en manteca dormir plácidos en rebanadas de pan prieto esperando calmos ser comidos, verán a humeantes chorizos abiertos en canal llorando grasas rojas o triángulos de picantones quesos en aceite..., y con el desayuno va bien servido el viajero y barrunto que no tendrá necesidad de comer hasta la noche.

Alimentado el viajero, sosegado su estómago, vuelve al pueblo que dejó atrás porque así lo dispone el destino y los dioses: va a Montecorto, un increíble lugar asentado en plena serranía Rondeña, pero no voy a caer en el error de describirlo con palabras porque a Montecorto hay que verlo y no leerlo, hay que sentir el rumor del agua corriendo por las acequias que bordean, que cruzan sus calles, oler sus frondas y presentir sus apasionados misterios antiguos en el Nacimiento... Pero Montecorto es más que un sitio verdaderamente hermoso.

Cuentan las crónicas viejas que el Infante don Fernando, el de Antequera, el que dijo “Salga el Sol por Antequera” el soldado bravío y arrojado donde los hubiera, el soldado poco temeroso de hombres ni de dioses, el soldado con gran fama de implacable con los vencidos, dijo poco antes de expirar Montecorto, aseguran que esa fue su última palabra antes de abandonar definitivamente este mundo. Cuentan que el Infante llega a Montecorto por 1407 poco después de arrasar Zahara, y llega con ánimo de conquistarlo como el que dice en un plis-plas porque sus oteadores aseguran que es presa fácil, que la población es apenas una débil fortaleza y apenas defendida por un puñado de hombres sin patria. Cuentan que llega a Montecorto en la creencia que su terrible fama de guerrero conquistador ablandaría las murallas de la fortaleza Montecorteña , y sobre todo llega necesitado de una victoria contra un enemigo poderoso en verdad, contra un enemigo de su categoría.

Cuentan las crónicas viejas que hubo de dejarlo para mejor ocasión y largarse de Montecorto- apenas dos días más tarde- con el rabo entre las piernas en busca de otras plazas más asequibles, como por ejemplo Ronda, cien veces más grande, cien veces más altas sus murallas y mil veces sus habitantes. Y cuentan las crónicas que huyó de Montecorto después de feroz batalla donde perdió un buen puñado de sus más experimentados y mejores guerreros: el Infante sopesó mal sus fuerzas, el Infante creyó que los montecorteños eran sólo soldados nazaritas o por el estilo, pero allí encontró a adalides, los feroces y orgullosos almogavares, los hombres de campo y frontera, los irreductibles guerreros que no se casaban ni con cristianos ni moros, ni con Dios ni Alá sino con ellos mismos, sólo con los suyos.

Y de los adalides, de las gentes duras de la frontera, de aquellas gentes libres que nunca fueron siervos ni hubo nunca dios que lo doblegara, descienden los montecorteños por línea directa y sin mezcla, sin altos en el camino y conocerlas antes es imprescindible para conocer bien Montecorto, pues eso, precisamente eso -sus gentes- es lo que hace Montecorto diferente.

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Junio de 2005. Preparando el Pregón:

Queridos todos: Hoy era el último día que me impuse para comenzar a escribir el Pregón, obligación que me impuse libremente aquella tarde de Sábado Santo en que volvía de Montecorto a Antequera, en el que había sido segundo viaje a la tierra en que no nací para desventura.... Fue, queridos míos -este segundo viaje- glorioso viaje, fue embrujador encuentro con voces hasta entonces sin rostro y definitiva ligazón con el hogar tan largamente buscado, pues fue encuentro y no presentimiento...

...El primero si que fue presentimiento, el primero fue hecho en día de difuntos meses antes para encontrar el rastro de los míos, para hallarlos: Y hallé la tumba de mi abuelo engalanada. Y aquel día deambulé por la calle Mahón y entré en las casa número 39, donde mis abuelos hicieron sus vida, donde murió mi abuelo, donde nació mi padre y mis tíos, donde murió la niña María Conde Gallego de envenenamiento por cardenillo –de mala manera- un día de feria, donde también nació la niña Ana Conde del Valle, niña prematuramente muerta al igual que su madre... Y aquel día me llevaron al nacimiento, aquel día dulcificaron a los míos, aquel día supe de posadas, de tragedias y verdades a medias y aquel día supe de romances antiguos... En mi primer viaje, en el viaje que la desazón dio paso a la calma, descubrí dos cosas: Una mi hogar, de donde venía y de quien venía y la otra a mí mismo.

Mas en el segundo viaje la calma dio paso a la emoción y descubrí que todo lo visto y experimentado hasta entonces, todas la soledades y desdichas, todos los sufrimientos, todas la confusiones y desazones que hasta entonces tan intensamente viví servían para comprender la grandeza de lo que se me ofrecía, para tener la certeza de que el destino me estaba favoreciendo con una oportunidad única: Lidia, mi querida Lidia, José Carlos y nuestro alcalde Juan Antonio, junto a mi buen amigo Octavio y demás mayordomos, querían que yo Pregonara la Feria.

Y en eso estoy, en ese quehacer terrible –por la responsabilidad- estoy.

Mis saludos

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Julio de 2005. PREGÓN FERIA DEL CARMEN:

Gracias queridos paisanos... Especialmente a vosotras admirables mujeres de Montecorto: queridos todos los que aquí estáis, queridos incluso los que sólo están con el corazón porque no pueden estar de otra forma.

Más que un Romance fue hallaros, allá por finales del Agosto pasado. Un poema hermosísimo desde entonces y un regalo de las musas: Gracias querida Lluch Carrasco que desde Barcelona me contaste la mejor y más hermosa historia de amor ocurrida en tiempos presentes y pasados, un idilio protagonizado, como no podía ser de otra manera, por Montecorteños.

Afortunadamente también aquí hallé a nuestro querido Ignacio que desde Madrid tanto ama a nuestro pueblo y a tantos nos has enseñado a amarlo... Mas qué decir de la querida y espléndida Lidia y su madre, qué decir del gran Octavio, al que nunca podré agradecer como se merece tanto como ha hecho por este pregonero, que decir de la voz alegre de Ángeles, de María, la sincera María Eugenia, la mujer hermosa que nunca debiera dejar de ser niña... Pero ¿cómo no agradecer debidamente a todos y cada uno de vosotros, particularmente a los mayordomos, especialmente a Juan Antonio nuestro alcalde, el regalo de que me eligieran pregonero de la Feria del Carmen...?

Queridos todos, y muy señaladamente, los que andáis por esos mundo de Dios suspirando por volver a la tierra vuestra, a este Montecorto donde lo imposible es posible, a este Montecorto donde cualquier milagro tiene asiento y donde se curan las más feroces heridas, tales son las producida por la nostalgia y el desarraigo... y yo, créanme, hasta finales de Agosto del pasado año fui un desarraigado...

Inclúyanme, de verdad, entre los desarraigados porque hasta entonces viví entre los apátridas, inclúyanme en las categoría de los sin hogar ni memoria hasta que comencé a buscar Montecorto para mis hijos con desesperación, quizás por un mandato de los que vengo y ya nos están y quizás para reconciliarme con ellos: Sepan que vine a Montecorto por primera vez en Noviembre del año pasado, y vine con la esperanza de recuperar las vidas de mi padre y sus hermanos, vine para encontrar respuestas a mi angustia, las respuestas a las preguntas que me andaban atormentando de manera atroz desde la adolescencia ¿quién soy y porqué soy como soy? ¿dónde están mis raíces, las de mi padre y abuelos paternos, de mis tíos ? ¿cómo sería el mundo dónde nacieron ? ¿cómo vivieron?

Y vine con la intención única de dejar lo que hallara a estos niños, si es que hallaba curación y si hallaba mi propia razón de ser... Y vine para que ellos no tuvieran que sufrir la desazón que yo experimenté durante casi toda mi vida, y sobre todo desde que mi propio padre murió por 1988 lejos, muy lejos de donde nació, muy lejos de la cama donde nació...

Y vine y a dios gracias hallé lo que buscaba: Miren a estos niños aquí a mi lado, niños inquietos dentro de lo que cabe por su edad, pero comportándose bien como es corriente y natural en cualquier montecorteño bien nacido. Miren a estos niños que son los biznietos de José Conde Ramírez venido de Arriate a principios del 1900 y los biznietos de Pepa Gallego Vílchez, nacida montecorteña; miren a estos niños que son los tataranietos de José Gallego y María Vílchez también de Montecorto, y retataranietos de Juan Gallego Sánchez y María Montero... Y por ello, a estos niños, que son hijos de aquí por el sagrado derecho de herencia también les dedico el pregón especialmente, tan exclusivamente como a ustedes porque vienen de ustedes: estos niños comparten vuestra suerte y orgullo, comparten la fortuna de tener sangre montecorteña corriendo por sus venas, la misma que mi abuela, mujer según cuenta quienes la conocieron cuando vivía en el número 39 de la calle Mahón -allá por los años treinta- y de la que dicen que era mujer como dios manda, mujer fuerte y de carácter, orgullosa, digna incluso en las peores circunstancias, igual que vosotras, igual a como siempre fueron las mujeres de esta tierra... Estos niños hoy saben de donde vienen y sobre todo dónde está su hogar, su origen, sus raíces y a quienes se deben. Estos niños son la causa, el motor que ha propiciado el milagro que ha llevado la paz a mi corazón y por supuesto a que esta noche yo esté aquí pregonando la Feria del Carmen... A que esté aquí -mal pregonando sospecho- un pregón de pregonero angustiado, porque cuando dispuse hincarle el diente a este pregón dime cuenta en el gran error que estaba, porque descubrí aterrorizado –al intentar escribir las primeras palabras- que aún no era como vosotros; porque angustiado descubrí que era poco más que un fantoche, poco más que un cómico de la legua posando y poco más... Y fue entonces, tras una carta angustiosa que envié a varios montecorteños a modo de sincera confesión, tras una noche dolorosa, de inquieta vigilia en la que decidí viajar a Montecorto para hallar respuestas, fue entonces poco antes del amanecer del día dos de junio, cuando posicionado en el cruce que separa los dos mundos, el de los vivos y los muertos, con el camino del cementerio a mi derecha y al frente las casas y calles donde los montecorteños sueñan, fue entonces, insisto, cuando hice el supremo descubrimiento...

Supremo, insisto, porque aquel amanecer percibí, entre los sonidos que emitían las estrellas que cuajaban nuestro cielo, el tesoro mejor guardado por los montecorteños durante milenios, el que os ha permitido sobrevivir a guerra y diásporas, a olvidos e injusticias sin dejar nunca de ser Montecorteños... Y el milagro sucedió a este pregonero gracias a esta tierra de milagros, a esta tierra de imposibles que son posibles: Supe que para poder mirar a vuestros ojos, para no traicionaros y sobre todo no traicionarme, debía olvidar quien había sido hasta entonces, olvidar todo cuanto sabía, olvidar incluso mis maneras de amar... Así pues, sabiendo el rumbo a seguir elegí la vida y deseché las retóricas hueras y las palabras altisonantes. Así pues, conociendo vuestro insobornable amor por Montecorto elegí dar rienda suelta a vuestras pasiones: Decidí que no sería yo sino vosotros quienes escribierais el pregón, que seríais vosotros y vuestras pasiones quienes dictarían las palabras a este pregonero... pero basta de penas y tengamos alegrías, queridos paisanos.

¡Tengamos fiesta y jolgorios! ¡Placer sin límites queridos paisanos, que llega la muy antigua y noble Feria de Montecorto! ¡Llega la feria inexplicable, la que se hace en honor de una Virgen Marinera en tierra adentro, entre montañas agrestes...! ¡Llega la feria más insólita y divertida de cuantas se hacen en honor de la Reina de los Mares, la única feria del mundo en que la Virgen del Carmen no es procesionada sobre una barca surcando las aguas, sino navegando sobre un mar de corazones apasionados...!

Y la explicación a tan excepcional devoción, a que aquí tengamos por reina a la Señora de los Mares, está en que los Montecorteños somos hijos del Mar Océano, y ocurre que la tradición se mantiene porque los Montecorteños llevamos en los genes el recuerdo de olas y espumas de mares. Y la respuesta al origen de tan insolita tradición está en la historia de un hijo de esta tierra (quizás de Montecorto, quizás de Zahara, pero en cualquier caso de esta tierra) de nombre Juan Solana, el Deseoso, que se enroló en los galeones que hacían las rutas de las Américas allá por el siglo XVI. Ocurrió que Juan Solana pasados muchos años de emigrante decidió volver a la tierra donde nació, y en sus alforjas traía tres cosas: la alegría por volver, cierta fortuna, y la veneración por la Virgen del Carmen, devoción que había adquirido de los frailes Carmelitas de Nueva Granada.

Sucedió que este hombre, por ser hacendado con un cortijo en el Gastor y otro en las Buitreras, fue nombrado caballero de cuantía y mayordomo de los bienes del concejo de las cuatro villas del duque de Arcos, y este nombramiento le permitió administrar propiedades e influir en almas.

Entonces fue cuando se produjo el milagro, y las iglesias con la Virgen del Carmen como protagonista nacieron por todas partes: desde Grazalema hasta Setenil, desde Olvera hasta el Desierto de las Nieves, pasando por Zahara, el Juncal, Algodonales, incluso en las afueras de Montejaque donde penó el famosísimo don Miguel de Mañara...

Luciose sin rival durante casi dos siglos la Señora Virgen del Carmen por toda esta tierra, aunque poco a poco fuera languideciendo su devoción, poco a poco fueran poniendo en su lugar otras vírgenes las gentes de la zona, pero la devoción milagrosamente sobrevivía en Montecorto... Y allá por finales del 1700 llego a oídos de un aristócrata gallego, el Señor de Mondoñedo que tenía grandes problemas para mantener a sus gentes con decoro a causa de las hambrunas que asolaban la tierra gallega, que en un lugar muy al Sur de las Andalucías, en un pasillo que iba desde Arcos hasta Grazalema, existían tierras libres para quien quisiera repoblarlas, y además supo que en una aldea que llamaban MONTECORTO tenían por patrona a la Virgen del Carmen, la misma virgen que veneraban sus súbditos, todos marineros y todos gentes de mar... Y sin pensárselo dos veces, y con el doble señuelo de tierras y Virgen convenció a unos pocos cientos de familias, las trajo aquí, les dio tierras y les dio medio para sobrevivir los primeros años y además los hizo Montecorteños...

Y aquellas gentes venidas de las orillas del mar Atlántico, de Marín sobre todo, afianzaron la devoción Montecorteña y todos juntos (los venidos y los que estaban) la reverdecieron... Y pasados unos años aquellos hijos del mar, aquellos gallegos de pieles blancas como espumas y ojos claros se entremezclaron con nuestros ancestros, dando nacimiento a la nueva raza Montecorteña, a las gentes inexplicables en la Serranía, a las de tradiciones insólitas, a las gentes con ojos tan azules como el mar y pasiones tan vigorosas como tempestades... Y uniose pues lo nuevo con lo antiguo, lo venido de fuera con lo que ya estaba, y se renovó con la nueva savia la antigua tradición de festejar como se debe esta Feria del Carmen, la feria dedicada a una Virgen con olores a mar en tierras con olores a monte...

Esas son las cosas de Montecorto, la peculiar historia nuestra, de esa historia que dicen escasa, porque ignorantes de tres al cuarto y ratas de biblioteca lo afirman, y lo afirman porque están ciegos, porque no saben ver ni buscar. LA HISTORIA DE MONTECORTO ESTÁ ESCRITA EN EL MEJOR DE LOS LIBROS, PORQUE ESTA ESCRITA EN VUESTROS GENES Y CORAZONES. Y ESTÁ ESCRITA CON LA MEJOR DE LAS TINTAS Y EN EL MÁS INMORTAL DE LOS SOPORTES.

Miren ustedes: los humanos son herederos de los mundos que los precedieron y a ellos se deben, y resulta imposible entender el presente si se desconoce de donde se viene. Y la historia es la historia, y la de Montecorto es una dilatadísima y hermosa historia sin igual, exclusiva, sin relación con ninguna otra. La historia de las gentes de Montecorto, que yo no estoy cualificado para resumir, que no me atrevo a resumir, por escrupulosos respeto, sólo es comprensible si admitimos de antemano QUE ES LA HISTORIA DE LOS DESCENDIENTES DE UNOS DIOSES Y ESTÁ ESCRITA EN LA ESTRELLAS... Y lo digo así de rotundo, sin temblores e impudoroso, porque así vosotros me lo habéis revelado: Vuestra historia, mi historia también y la de mis hijos, la voy a resumir en cuatro frases que lo dicen todo, porque lo que sois viene por lo que sucedió hace bastantes miles de años, cuando el mundo estaba en construcción.

Sucedió que los dioses que ponían montañas y ríos llegaron a Montecorto para crearlo. Y ocurrió que los dioses -en asamblea divina y por general acuerdo- decidieron hacer algo especial, algo inigualable, algo que sirviera de referente, algo que hablara de su grandeza hasta el fin de los tiempos. Sucedió que decidieron crear aquí su hogar, un templo donde vivir siempre para por siempre ser adorados. Decidieron los dioses, para preservar su paraíso e intimidad, y por extensión impedir que advenedizos y gentes de mal vivir aquí pudieran llegar con facilidad, crear accesos tortuosos: pusieron altas y escarpadas montañas al Norte, Sur, Este y Oeste, además espesos bosque por todos lados que hiciera invisible Montecorto, además hondos precipicios que desanimaran a gentes sin arrestos o débiles.

Y hecho el trabajo rompieron el molde, y eso explica la condición de la exclusividad, y eso explica que la tierra santa Montecorteña sea tan fértil: Esta tierra acoge al errante siempre que venga con buena voluntad, esta tierra actúa como un motor intemporal que le insufla la energía, hasta hacerlo orgullosamente nuevo. Esta tierra fabrica pasiones hasta entonces desconocidas que moldean sutilmente lo anterior; y esta tierra –por último- es la fértil tierra que acoge y nutre, la que hace que los forasteros pasados unos años olviden sus orígenes, la que diluye sus memorias de antes...

Aquí, Montecorteños, todo resulta diferente, más perfeccionado, más hermoso, porque Montecorto funciona tal fuera un mágico crisol de alquimista, donde se funden los distintos componentes, donde se amalgaman las diferentes materias, donde se mutan, hasta transformarse en algo nuevo. Aquí, por poner un ejemplo que venga a cuento, que sirva para completar estas fiestas y a sus protagonistas, llegaron por finales del mil ochocientos gentes de Montejaque y vinieron para explotar sus propiedades.

Como era de esperar aquellas gentes pronto se aclimataron, pronto sus carnes y almas fueron cambiando, influenciadas quizás por fuerzas desconocidas, por energías escasamente perceptibles. Aquellas gentes pronto presintieron que su hogar no estaba en Montejaque como hasta entonces creyeron sino aquí, y pasado poco tiempo lo mejor de ellos mismos fue aflorando. Transcurridos unos años sólo se sentían de aquí, y tanto que hicieron borrón y cuenta nueva: aquellos labradores, descendientes quizás de los que se llamaban en tiempos antiguos “caballeros de cuantía” que no era otra cosa que labradores con cierta fortuna no hidalgos; aquello que en su tierra natal quizás fueron miembros de una institución llamada “Mayordomos de la Virgen” transplantaron aquí tan original institución, pero mejorándola, adecuándola a las peculiares formas de Montecorto... Y así ha sido siempre, y así será, porque:

Montecorto es una realidad apasionada, un sueño que fue escrito en las estrellas, y sus hijos e hijas son la natural secuela de tales ilusiones.

Oculto en Montecorto está la amante que nunca decepciona, la que devuelve ciento por uno, la idolatrada que alienta.

Nacer en Montecorto es más que la consecuencia de un ardor pasajero, porque nacimos aquí y no al lado, porque crecimos aquí y no allá, y porque precisamente aquí desearíamos morir, ser enterrados, para cuando nazcamos de nuevo nacer Montecorteños.

Tener Montecorto por patria no es cosa cualquiera, no es cosa corriente porque Montecorto es manantial de VIDA con mayúsculas: Aquí está la fuente de energía para vidas extenuadas.

En Montecorto, y resto del mundo, es sobradamente sabido que nacer en Montecorto es nacer ungido por la dignidad sin arrogancias, y sabido es que a quienes acoge dota de un legítimo orgullo, de una peculiar sabiduría en ningún sitio encontrable

Con Montecorto como madre los montecorteños están de suerte, pues no es ella causa que arrienda ni hipoteca la vida de sus hijos e hijas con cargas insoportables, sino que como madre generosísima les proporciona una hermosa heredad desde el mismísimo nacimiento, tal es su comprensión, tal es su alegría y vitalidad.

Oír al amanecer cantar las brisas de Montecorto, es oír los tiernos susurros de una preñada que quiere que sus hijos nazcan dichosos, que nazcan ricos; y por ello los hijos e hijas de Montecorto nacen con el don de la generosidad que es como decir nacido con capacidad de amar sin límites.

Resulta que Montecorto además regala la franqueza a todos y además la nostalgia a quienes por razones han de abandonarlo. Pero regala una añoranza limpia al emigrante, regala al expatriado un especialísimo desamparo que se me ocurre llamar tristeza alegre, pues la fuerte congoja, la melancolía, se alivia cuando el montecorteño redescubre a donde pertenece y sobre todo redescubre que puede volver y que le están esperando con los corazones abiertos

Todo lo dicho hasta ahora, con torpezas y titubeos ciertamente, con carraspeos a causa de la emoción que embarga a este pregonero, porque oigo mi voz donde se oyó por última vez la de los míos hace alrededor de setenta años... todo lo dicho, insisto, sirve para lo que debe servir, que no es otra cosa que olvidar...

Olviden, renuncien al tedio y a la rutina, queridos paisanos. Olviden las servidumbres diarias para vivir intensamente lo que se avecina: Llega la Feria del Carmen, y el escopetazo de salida a punto está de sonar...

Y llegado aquí termino este pregón que lamento no fuera mejor, y no lo termino yo sino este niño hijo de Montecorto, que ya es de Montecorto incluso más que su padre, y lo termina con tres vivas: ¡Viva Montecorto, vivan los Montecorteños y viva la Feria del Carmen!

José Luis Conde Ayala.

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Julio de 2006. Presentación del Pregonero de las Fiestas de la Virgen del Carmen 2006:

Hoy 13 de Julio el destino me devuelve a donde las sombras de mi sangre permanecen. Hoy se me encomienda que haga de introductor de Manuel Buzón, de alguien que no necesita ser presentado a ustedes porque es uno de ustedes y porque de sobra le conocen… Más algo habré de decir, algo habrá de decir este expregonero de él, aunque sean torpezas y aunque por mucho que me lo proponga no logre exaltarlo como merece.

Manuel Buzón es hijo de tierra indómita, es hijo de esta tierra bravía que hace a hombres duros y mujeres extraordinarias, y es hijo de hijos nacidos entre estas montañas y valles tan llenos de misterios e interrogantes.

Manuel Buzón aquí vino porque el azar así lo dispuso, y aquí halló y aquí se le quedó su corazón como a tantos, pues en el escaso año que vivió entre nosotros le sirvió para llenar sus ojos de luz y su memoria de recuerdos: a Manuel –su estancia- le sirvió para descubrir que el secreto más oculto de Montecorto era un don mágico, un algo inexistente en ningún otro sitio, algo abstracto que no se podía palpar ni describir pero determinante, y descubrió que la tierra Montecorteña enriquecía a los en ella nacidos y descubrió lo cualitativo de su alma.

En el Montecorto que halló por aquellos años descubrió la honestidad de un pueblo y sus gentes, descubrió un lugar increíble fuera de todas las rutas que ni tan siquiera aparecía en los mapas: descubrió un sueño junto al sabio placer de ser uno de ellos, de ser como ellos.

Manuel Buzón, y termino, es –por tanto- magnifico pregonero de este año 2006 por derecho de nacimiento. También lo es por conocimiento absoluto de las claves que explican y definen la singular vitalidad de las gentes Montecorteñas: él sabe de la generosidad de ustedes, sabe que miran de frente sin doblez, y sabe de su temple ante las adversidades y del legítimo orgullo que impregna la vida y actos de todos y cada uno de los montecorteños, a los de hoy y ayer, a los Montecorteños de siempre desde el inicio de la noche de los tiempos.

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Noviembre de 2006.

Artículo publicado el 17 de Noviembre de 2006 en el en el semanario regional 7 Días Andalucía y en el malagueño Día de Antequera.

PRUEBEN Y VAYAN.

Montecorto, a pesar del empecinamiento secular de los gobernantes en ignorarlo, en hurtarlo de la historia, en maltratarlo económicamente, en dejarlo aislado y sin carreteras hasta hace cuatro días, existe desde mucho antes que Roma… Y ha sobrevivido pesar de las envidias y al odio insano que los dirigentes y caciques foráneos proyectaron sobre él, por su sentido de la libertad y por su indómito orgullo. Montecorto existe desde muy antiguo: en Montecorto, en sus murallas, se estrellaron los califas cordobeses y los reyezuelos de Taifas que intentaron doblegarlos, aunque el más sonado fue el del aragonés Infante don Fernando allá por 1407 que hubo de huir con el rabo entre las piernas, cuando sus mejores quedaron muertos frente a la guarnición montecorteña y su orgullo maltrecho.

Al Montecorto de entonces, al igual que al de hoy, hay que ir con las alforjas vacías y espíritu franco, hay que ir con ánimos para quedarse y aprender, hay que ir con los ojos muy abiertos, con los oídos despejados y el alma limpia. Y si el viajero no fuera con esa predisposición más le vale que siga y no pare, más le vale no parar y tirar para adelante, pues en cualquier población de los alrededores puede hallar más cosas y más monumentos inventados, en cualquier sitio el viajero puede hallar ficciones y farándulas globalizadas, y en cualquier sitio el viajero puede ilusionarse con los cuentos de vendedores de farsas para bobos…No, en Montecorto –definitivamente- no hay nada de eso ni falta que les hace para existir: en Montecorto nunca hallará el viajero esas cosas, pues a este pequeño pueblo de la serranía rondeña le basta vivir acorde con su identidad, le basta no traicionar sus orígenes y le basta con saber de dónde viene y a quién se debe.

Vaya y pruebe que Montecorto es sencillamente admirable en alma y naturaleza, y ser de Montecorto es de las pocas cosas grandes que pueden ocurrir a los centenares de millones de hastiados que pueblan el mundo. Pero quienes aparte nacer se sienten además Montecorteños (aunque sea por adopción o enamoramiento) son de naturaleza única, pues cuando se nace en Montecorto éste concede el don inmutable y cuando el nonato, el aún no nacido respira por vez primera las brisas serranas de Montecorto a través de la boca de su madre Montecorto concede el poder superior, pero cuando se accede a la categoría de Montecorteño (por acogimiento, por seducción) es cuando se recibe de golpe EL CONOCIMIENTO y LA SOLIDEZ EMOCIONAL, que como es sabido son atributos del alma que aportan singular fortaleza , y que se traduce en una certidumbre -mitad por saber de dónde se viene y mitad por saber a dónde se camina- que permite sobrevivir sin titubeos, sin angustias y sin desorientaciones, pues no en vano dicen los montecorteños con legítima satisfacción: Soy de Montecorto, y sé del orgullo de serlo.

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Diciembre de 2007. In Memoriam. Nuevo

En diciembre de 2007, José Luis Conde ha inaugurado una página donde está incluyendo sus opiniones y comentarios sobre la novela que está elaborando.

Estas son las palabras de José Luis Conde describiendo su trabajo:

Llevo cinco meses escribiendo una novela que me lleva obsesionando desde hace bastantes años, mas hasta ahora no me consideraba capaz.

La temática: la vida de un hombre desafortunado, inacabado, quizás mi propia historia si hubiera vivido entonces.

El fondo, el tiempo: la Guerra Civil Española, la del 36.

El lugar: Málaga y provincia, especialmente Montecorto, la Serranía, Arriate...


La dirección:    joseluiscondeayala.blogspot.com    
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AGENDA: El próximo 14 de febrero, en la biblioteca Pública de Mollina, y organizado por la Consejería de Cultura de la Junta Andalucía (Centro Andaluz de la Letras, Circuito Literario Andaluz) junto al Ayuntamiento de la localidad, José Luis Conde dará una conferencia sobre su obra y, en primicia, leerá un par de capítulos de la novela.

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Información sobre MONTECORTO.COM